Vamos de vuelta, porque esto es para un guión y para filmar en Rio ne me alccanza la guita de la beca. La historia es verídica. La foto es exagerada, es de un
chabón que conozco que les recomiendo. Pero sirve para crear clima. Resulta que un flaco brasileño, 27, 1.85, sexy y cool, que no es gay, termina una noche en
Palacio porque le dijeron que ahí podía comprar pasti sin peligro. Se toma muchos vodkas esperando entender la onda y ubicar la transa. Se le acerca un chico argentino, 27, 1,75, sexy y cool, y le empieza a hablar. Más vodkas.
El chonguito argentino no entiende la
gíria del carioca pero al rato de hablarse en la oreja dicen maconha, transar, safado, sarado, borboleta, cocaina y el argentino se ríe. El carioca tiene una sonrisa tan linda, está tan iluminado, tiene la piel como de neón. Se van a un rincón, el carioca parte una pasti en dos, pone una mitad en su lengua y se la pasa al chonguito junto a un beso salivoso, que al chonguito le hace cosquillas y se ríe de estar tan moderno, tan suelto. Bailan por horas. El carioca habla más y más. Vamos pegar maconha. "Vamos" dice el argentino, que está para viajar toda la noche. Salen a la vereda fría. Pasan por
el hostel del carioca a pegar unos pesos, el argentino (el diablo) lo espera abajo. Viajan en taxis, los conductores no les cobran, conocen al diablo argentino. Pegan maconha en un hostel de Congreso y se van a un
telo en la calle Larrea. Llevan vodka, que el diablo toma como si fuera agua. El carioca empieza a tener sueño antes de rolar. Entran a la pieza, escuchan los gemidos de hombres o mujeres copulando todo al rededor. Se ríen, el diablo lo besa y le muerde el labio. Sangra. El diablo prende la tele, una porno, y se va a mear con la puerta abierta. El carioca lo oye mear, un chorro fuerte y largo, larguísimo. El carioca no puede creer que el diablo mee tanto y se empieza a reir. Intenta explicarle en portunhol inexacto pero se queda sin palabras y se ríe. El diablo vuelve y le mete la pija en la boca. El carioca se ahoga, escupe sorprendido, el diablo le sostiene la cara con una mano suave, con olor a querosén, el diablo es tan buena onda y está contento y el carioca piensa "vamos". Fuman. El carioca está mareado y empieza a sentirse mal, el diablo le da agua y lo acompaña a mear. Mea un chorro errático que después se hace fuerte, y los dos se ríen otra vez. Vomita. El diablo le saca el jean y lo lleva a la cama. Después lo unta y sin avisar se lo coje al carioca, de una. Se lo coje con una verga enorme que suena como un látigo en las entrañas del chabón. El flaco siente que se caga, que se mea, que se parte, que le duele, y que en cada poner y sacar cuando se la sacan siente que le falta algo y cuando se la vuelven a poner siente que está bien. El diablo se lo coje toda la noche, con su piel fosforescente y su sonrisa perfecta, acaba varias veces su leche oscura y caliente. El carioca se despierta a mediodía solo, le duele la cabeza el orto y el alma y tiene una cuenta a pagar de telo y bebidas que es más de lo que le quedaba para volverse a casa.
Sigue.